15 de junio de 2015

nuestra primera huerta en Asturias

Nuestro nuevo jardín está dividido en dos niveles, una zona más alta y ligeramente inclinada situada del lado derecho (entrando por la puerta que da a la casa) y a la izquierda, bajando por unos escalones de piedra llegas a una zona llana, con una jardinera pegada al muro.

Así estaba cuando entramos a vivir en esta casa, a principios de abril.





Dedicamos las primeras semanas a explorar el terreno, y aunque la primavera estaba empezando aún y muchas plantas aún no habían rebrotado (o recién estaban empezando), fuimos descubriendo muchas plantitas silvestres y decidimos que queríamos conservar algunas de ellas, bien porque ya ellas mismas eran comestibles,  porque ayudan a crecer a las demás plantas, atraen insectos para la polinización, o porque repelen hongos o plagas.

Rápidamente nos pusimos manos a la obra ya que el terreno estaba bastante asalvajado ya (llevaba dos años sin ser cultivado) y con la primavera y el solazo que tuvimos ese mes las plantas estaban tirando a tope y el jardín se estaba poniendo totalmente impracticable.
Desbrozamos primero para poder accerder, pero con mucho cuidado para no cortar las plantitas que queríamos mantener.





Luego fuimos intentando sacar todas las matas que no queríamos con la mayor raiz posible, y de este modo aireamos la parte más superficial de la tierra.
Estas son algunas de las plantitas silvestres que mantuvimos en nuestro huerto: cebollas, fresas, melisa y caléndulas.






Había muchísima ortiga, seleccionamos los brotes tiernos para comer y el resto de las plantas las reservamos para transformarlas en purin de ortigas, un abono y fitofortificante ecológico buenísimo. Otro día os explico como preparárlo para que podais hacerlo en vuestras casas.
Prometido.




Durante este proceso, fuimos observando como incidía el sol en cada una de las zonas y a qué horas, y decidimos situar nuestra huerta entre la zona superior y la jardinera de la zona inferior.
Y reservar la parte inferior, mas sombreada y llana para tener un poco de cesped en el que poder tumbarnos.




Hicimos un diseño permacultural de huerta, basándonos en el sistema de cultivos asociados, es decir agrupando plantas que por sus características, al crecer juntas se ayudan entre ellas. 
Así quedó el diseño final (tercer boceto, jeje)



Como era un poco temprano para poner la mayoría de las plantas, únicamente plantamos las coles (repollos, lombardas, coliflores y brecoles) las acelgas, las cebollas y una tanda de lechuguitas.




Todo lo demás se quedó en los semilleros, esperando su luna para ser trasplantados.
En la próxima actualización huertil os enseño cómo quedó lo que plantamos en mayo.

Y me despido por hoy con esta foto de  la esquina de la jardinera inferior que decidimos dejar con las plantas silvestres tal y como estaban: un grupo de caléndulas y otras flores silvestres mezcladas con ortigas, melisa y un poco de cereal espigando detrás


¿Preciosa verdad?
Mama Natura siempre inspiradora!


love life

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